EL VIAJE SIEMPRE RECOMIENZA..


El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar, como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel -tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición. Montaje de las palabras y las imágenes, captadas desde la ventanilla del tren o cruzando una calle y doblando la esquina. Sólo con la muerte... cesa el status viagiatoris del hombre, su condición existencial de viajero. Viajar, pues, tiene que ver con la muerte... pero también es diferir la muerte, aplazar lo máximo posible la llegada, el encuentro con lo esencial, tal como el prefacio difiere la verdadera lectura, el momento del balance definitivo y del juicio. Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.
Claudio Magris

domingo, 3 de julio de 2016

JUDITH FILC




Salvo el primero, mis libros surgieron a partir de una idea englobadora. El otro lado tenía que ver con el lugar de la escritura: dónde nos ubicamos cuando escribimos; Resquicios, con la idea de que la vida urbana contemporánea está marcada por la presencia de personajes fronterizos (inmigrantes "ilegales", ocupas, personas que viven en la calle) que ponen en evidencia el proceso de pérdida de derechos en el que vivimos bajo el neoliberalismo. Vida en la tierra surgió a partir de pensar en la basura desde una perspectiva amplia, según la cual nuestras sociedades producen toda clase de desechos en grandes cantidades debido a la lógica capitalista de producción en masa y obsolescencia. Además, tratamos a sectores enteros de la población e, incluso, a pueblos enteros como basura: los consideramos descartables. 

El libro en el que estoy trabajando ahora - que no es un poemario, sino un libro "entre-géneros" (o "des-generado", como diría Kevin Johansen) - tiene como punto de partida una reflexión sobre lengua y extranjería. Empezó a partir de mi experiencia personal de desarraigo, pero se fue ampliando para abarcar otras cuestiones, como la relación espacio-tiempo, la lengua de la locura como lengua extranjera, y la creación de fronteras internas que ubican a ciertas poblaciones del otro lado. Es una reflexión sobre lengua y memoria, sobre la relación entre lengua materna y lengua adquirida, sobre la experiencia de extranjería y la vida en el umbral. 

En los tres casos, pasé mucho tiempo investigando antes de empezar a escribir, y ahora sigo leyendo y pensando a medida que escribo. Supongo que tiene que ver con el hecho de que, a pesar de haberme alejado de la universidad hace años (o, debería decir, que la universidad se alejó de mí) sigo sintiendo pasión por la investigación. Nunca me gustó demasiado escribir textos académicos. Incluso en mi época de docencia soñaba con escribir un libro que no tuviera que atenerse a las reglas de ese discurso. Eso es lo que estoy intentando hacer ahora: una mezcla de aforismos, micro-relatos, prosa poética y diálogos con otros poetas.

Otra cuestión que está siempre presente cuando tengo un libro nuevo en la cabeza es la de mi propia poética. No es intencional, tiene que ver con el proceso de reflexión sobre los temas, las ideas, las imágenes y con el proceso de construcción de los textos. La lectura de poesía me ayuda a encontrar el camino. 

Yo creo que siempre escribí con el cuerpo. Para escribir un poema tengo que entrar en su mundo, ser su personaje. Pienso en la experiencia de lectura también como una experiencia física, porque la poesía y el arte que más me interesan son los que provocan una reacción que va más allá de la búsqueda de sentido y de un proceso de interpretación consciente. Por eso busco que los poemas sean pequeños mundos en los que el o la lectora se interne y, para crearlos, yo también tengo que internarme y vivir en ellos. Lo pienso como una especie de trance o de viaje. Para encontrar las palabras justas, tengo que estar ahí. Un texto que se me ocurre es "La palabra profética" de Maurice Blanchot, en El libro por venir. 


Poemas


15.

zigzaguea esquivando 
implacables oleadas de 
cuerpos las puertas se 
abren y cierran al 
compás de una
tercera mayor

los cuerpos avanzan sin 
ver se 
amontonan en las
escaleras y 
desaparecen 

ella cruza largos pasillos semivacíos 
baja más 
escalones

roza cuerpos crispados en
abrazo

(en los rincones la 
tibia
llama azul de los
calentadores)

rostros pintados de blanco bocas
en rictus rojo bermellón giran sobre
cuerpos que se mueven lánguidos trazan
arcos 
ochos
telarañas 

tropieza con bultos cubiertos con
mantas papeles de
diario

se detiene junto a un vendedor de 
postales
innumerables cajas apiladas 
rebosan 
viejas tarjetas llenas de 
palabras ilegibles 

ella elige un mar azul celeste inmóvil 
gaviotas y 
veleros

una vegetación tupida pájaros de 
plumajes 
insólitos

una madona primitiva en marco dorado

una ventana

atraviesa nuevos 
corredores
a su izquierda chicos en ronda giran cada
vez más 
rápido los cuerpos se borronean en el 
vértigo van cayendo uno a uno mientras la 
ronda se acelera cada vez
más

(viejos sentados en cajones de
fruta juegan al ajedrez de
memoria)

llega hasta un puesto de flores
magenta verde bermellón
naranja púrpura

acaricia la seda de los pétalos

vuelve sobre sus 
pasos sube la escalera
el chasquido del agua sobre el
metal cada vez más intenso
el chirrido de los 
trenes


10.

no, no te vas a salir con la tuya, claro, vos siempre
igual, nunca me dejás en paz, por qué no te vas un poco a
la mierda

un gorro de pintor en la cabeza jeans rotos saco
arrugado tres pasos adelante menea la
cabeza un movimiento 
convulsivo dejame en paz, me entendés, dejame en paz, no
digas más pavadas

(en la recova figuras aladas dragones echando
fuego 
mariposas agitadas por el viento el vendedor
pliega cartulinas de colores)

pasos rápidos y cortos patas de
pájaro los brazos laxos se
balancean

lo ve detenerse de pronto mirar a los
costados con
aprehensión y emprender su 
paso cada vez más
rápido los labios en constante 
movimiento

llega a la plaza elige un
banco 

una paloma se posa en su hombro pecho 
verde y violeta iridiscente 

lo ve arrojar una
piedra en la 
fuente miles de círculos se repiten 
expandiéndose 

(las patinetas vuelan sobre el cemento se elevan giran en
el aire caen ligeras y 
aceleran)

refugio nocturno
tibieza de una tarde de sol en la
ventana 
camina encorvado arrastra una
bolsa de plástico negra el
pelo ralo gris la barba le pesa el
cuerpo el frío lo penetra hasta la
médula

lo peor es el sueño interrumpido el 
cuerpo rígido el
oído siempre atento y el
frío, ¿sabés? 

el frío es lo peor

De Resquicios, Gog y Magog, 2010



Territorios


El Chang Tang es feroz.
Un minuto 
es aire quieto y
sol
el siguiente 
azote de
granizo.

La estación era 
mi vieja, la calle mi
viejo.

Panza abajo 
sobre los
cartones como
balas por el
verde 
brillante 
de
sol.

Controlar el Chang Tang es
imposible:
usamos 
nuestros 
conocimientos 
para adaptarnos 
a él.

Nos vamo a dormir 
acá. 
Este es 
mi vagón. 
A veces 
vamo a vaguear por
los trenes y nos
corre la
yuta.

A menudo es en el 
corazón del
ser que el ser es
errancia.
Mi vieja me pegaba mucho y
me cansé. 

Desplazarse 
es
sobrevivir. 

Nos
desplazamos 
solo cuando 
sentimos que hay 
que hacerlo. 
Cuando desplazarse 
es lógico y
necesario.



Pulsión


Cuando me terminé de
dar vuelta lo vi

desnucado

quieto

nos la tenían jurada

Me siento junto a la
ventana

corro la
cortina

el sol se te
clava en los
ojos y del
otro lado del
vidrio 
no hay

nada

Todos los que se
van
vuelven

El calor invade el
cuarto
brillante de

luz

Los flashes pueden 
venir en
cualquier 
momento

lo ves al
Pájaro agacharse se está atando el
cordón de la
zapatilla nike
blanca 

De repente como si
tropezara se
cae de 
bruces contra el
barro

Me mando
enfierrado hasta las
manos y te
veo

amanecido

caminando entre el
pasto verde con un
porro en la
mano
buscando mi
nombre

Inclinarse por la
ventana 
abierta hacia la
luz

asir ese momento
único en el que
sucede 
todo

De Vida en la tierra, Barnacle, 2015 


***

Es viernes. Te levantaste temprano. Estás en la cocina tomando un mate. El diario está abierto sobre la mesa. Mientras lo leés te acompaña un leve aire de ilusión. Oís la llave en la cerradura y sonreís involuntariamente. "Bom dia seora María!" La voz es grave y ronca, y tiene algo que canta, como si acabara de terminar de reírse. Como siempre, la acompaña el olor a pan fresco: el pão alentejano, comprado en Rua Cinco, North 5th Street. Lucila va a buscar la aspiradora y vos bajás al consultorio a recibir al primer paciente. Y al mediodía se sentarán juntas a comer en la cocina. Ella te hablará de la lumbalgia del marido y de la última travesura de Rosa, y vos le contarás orgullosa lo bien que les va a Pedro y a Roxana en el college. Ella en portugués, vos en castellano. Y harás que el pan te dure hasta el próximo viernes.

(Inédito)


Nací en Buenos Aires, pero viví casi la mitad de mi vida en Estados Unidos. Después de recibirme de médica en la UBA, hice un doctorado en literatura comparada y teoría literaria en la Universidad de Pennsylvania.
Me volví a Buenos Aires en 1995 y enseñé en la Universidad Nacional de General Sarmiento durante siete años.
Viajé a Estados Unidos nuevamente con la idea de hacer investigación por un tiempo, pero conocí a mi marido y me quedé.
Me dedico a la traducción, la edición y la orientación en la escritura de textos académicos.
Lo que más me gusta traducir es poesía.
Tengo un blog, Word Creation/Crear con palabras, donde publico mis traducciones al inglés de poesía hispanoamericana y fragmentos de distintos autores sobre la escritura y la traducción.
Publiqué cuatro libros de poemas: Vida en la tierra (Barnacle, 2015), Resquicios (Gog y Magog, 2010), El otro lado (Vinciguerra, 1998) y Transducciones (Botella al mar, 1985).


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